Llegados al ecuador de la temporada, podemos decir sin miedo a equivocarnos y como una buenísima noticia que estamos ante la temporada más igualada, incierta y por qué no decirlo, divertida de los últimos años.

Cuando en los albores del año NFL estábamos pensando en un “Todos contra los Patriots” la situación habla bien a las claras de un “Todos contra todos”. Porque salvo deshonrosas excepciones hemos llegado a un punto en el cualquiera puede ganar un partido y los favoritísimos se han convertido en meras etiquetas que de poco sirven. La liga está loca y a la vez preciosa.

Dentro de esta igualdad e incertidumbre, un puñado de equipos han presentado su candidatura para hacer algo grande, algunos por resultados, otros por sensaciones y un par de elegidos tanto por resultados como por sensaciones. Dentro de esta carrusel de domingo tras domingo nos encontramos con resultados inesperados -en algunos casos hasta incomprensibles-, unos pocos comienzan a asomar la patita avisando de sus aspiraciones o anunciando un crecimiento y evolución que les puede colocar en un puesto privilegios en la línea de salida cuando en enero comience el gana o vete a casa.

De entre todos los destacados, hay cuatro (o al menos yo veo cuatro, quizá ustedes sumen alguno más o cambien alguno de los nombres por otra franquicia) que se han despegado ligeramente del resto y aunque no me atrevo a llamarles favoritos a nada, sí están mostrando hechuras de conjuntos aspirantes a todo. En el orden que ustedes quieran, Eagles, Chiefs, Steelers y Patriots paracen, por diferentes motivos, haber tomado un ligera ventaja sobre el resto. Antes de analizar someramente los motivos por los que cada uno de estos equipos lleva una mano ganadora, diré en primer lugar que todos comparten un denominador común en el plano de las sensaciones y pasa por una desumbrante imagen de unión y de empujar todos en la misma dirección.

 

                                      

En los Eagles se pudo ver de manera cristalina en el momento en el Jason Peters, un bastión de su línea ofensiva y un referente en ese vestuario se lesiona para toda la temporada. Cuando Peters está en el carrito preparado para que le arranquen de un campo que seguro no quería abandonar y la realización del partido abre el plano, se puede observar como todos y cada uno de los jugadores de los Eagles se habían agolpado para acompañarla, saludarle, protegerle, animarle, en definitiva para reconocerle como lo que es un líder en ese vestuario; pero lo que consiguió esa maraña de camisetas verdes reunidas en torno a un compañero caido fue proyectar una imagen de unión, de equipo que presenta quizá el argumento más fuerte para explicar ese 7-1 que luce en su casillero.

Con los Steelers esa fuerza del grupo es fácil de encontrar en cada una de las celebracionesde touchdown; liderados por los que también marcan el camino cuando el balón está en juego, es decir Antonio Brown, Le’Veon Bell y la agradable revelación de Juju Smith-Schuster, Pittsburg se ha sobrepuesto al infame recuerdo del partido de las cinco intercepciones a Big Ben y lejos de hundirles les ha servido de catalizador para mostrar la mejor de sus caras. Recordemos que el ‘bounce back’, ese orgullo de ganador nato que sacan cada vez que las cosas les van mal, es parte de la identidad de estos Steelers y más concretamente de su QB Ben Roethlisberger. Es “maybe I don’t got any more” se ha encargado él mismo de desmostarlo una y otra vez desde que lo dijo.

Y con Chiefs y Patriots la historia ha sido la misma pero al revés, cuando más esperábamos de ellos llegaron dos derrotas, para los Pats al principio de temporada y para KC cuando parecían dominar la liga a su antojo; pero al margen de haberlas encajado, ambos equipos llegan a la mitad de la temporada proyectando una imagen de bloque que funciona de manera automática y parece estar encontrando el punto de ajuste que le permita encarar la segunda parte de la temporada regular con todas las garantías para aspirar a todo.

Un escalón por debajo, quizá algunos de ellos incluso a la par de las cuatro franquicias anteriormente citas, se sitúan un puñado de equipos que no sólo hay que tomar muy en cuenta si no más bien hay que empezar a tomarse muy en serio. Seahawks, Rams, Bills y hasta Saints se presentan como equipos muy capaces de cualquier cosa.

Para Seattle el arranque lento, lleno de dudas que luego se transforma en una máquina sólida y convincente empieza a convertise en una tradición, pero este año con una defensa más terrorífica si cabe y un Russell Wilson digno de incluirle en la discusión del MVP, los Seahawks pueden meter mucho miedo a toda la Conferencia Nacional porque van camino de ser el típico equipo que no quieres tener enfrente. Si a esto le sumas la llegada de Duane Brown para reforzar la protección a Wilson, el futuro se presenta halagüeño en la ciudad esmeralda. Algo parecido pasa si de defensa hablamos con los Buffalo Bills, que han construido una unidad que domina los partidos, marca el tempo y consigue victoria convincentes que le postulan como el principal outsider, como el black horse de esta temporada, no se sorprendan si llegan lejos este año.

Para los Rams del jovencito McVay este temporada tenía que ser el principio de algo nuevo y ha sido mucho más, el arranque de algo ilusionante, incluso brillante, un estilo efectivo rompe con la perenne decepción de la anterior etapa y que le coloca en el pelotón de cabeza de esta temporada cuando nadie contaba con ellos. Si además consiguen atraer al público de Los Ángeles a las gradas de su estadio ya habrán conseguido un objetivo muy importante. Y por último los Saints, con la eterna diatriva de un ataque que deslumbra y una defensa que no está a la altura, parece que por fin esta temporada comienzan a romper esa dinámica. Con Drew Brees a los mandos, el infravalorado Brees al que sin rubor tenemos que meter entre los mejores QBs de la historia, el ataque sigue carburando a primer nivel. La buena noticia llega en la zaga, que está encontrando equilibrio y por fin comienza a ser capaz de cerrar las puertas al inmenso terreno liberado y abonado de recepciones y touchdown para sus rivales que era su secundaria. Un nombre destaca entre todos, Marshon Lattimore. Los Saints ya tenían la sensación de que les había tocado la lotería pudiendo escoger a este CB con hechuras de superestrellas pasado el Top10 de la primera ronda, un jugador que parecía un claro candidato a salir entre los cinco primeros y que Nueva Orleans tuvo el lujo de elegir en el número 11, ha dado a esta defensa justo lo que necesitaba: cerrar por completo su lado de la defensa y su ayuda ha dado un salto de calidad que NO está agradeciendo metiéndose por completo en la pelea.

Así llegamos al ecuador de la temporada y por aquí va la situación pero tal y como está la temporada seguro que de aquí al final nos toparemos con muchas más sorpresas y giros del panorama. Mejor no perderse nada porque nos queda mucho por divertirnos y muchas cosas buenas que ver.

La NFL nunca decepciona.